ENTREVISTA A TRES EX FERROVIARIOS
Extractos y conceptos más importantes:
Carlos Pallotto (89 años)
Entré en el ferrocarril en el año 1955, en aquel entonces el trabajo era duro, porque había poca maquinaria y todo se hacía a hombro. Después de un tiempo empezaron a venir las montacargas, los ginches eléctricos y las grúas . Fue pasando el tiempo, se fue modernizando las instalaciones y cada uno fue progresando.
En el ferrocarril había muchas formas de trabajar, empezando por los artesanos, que hacian los trabajos de artesanías para el ferrocarril, como por ejemplo, arreglar muebles.
Después estaban los “catambos”, ellos trabajaban en la intemperie. Luego estaba la parte de abastecimiento que fue donde he trabajado. Éramos los encargados de abastecer de materiales a los galpones. Cuando por algún motivo no se compraban materiales, se daba la orden para que los talleres lo fabriquen. En los talleres se fabricaba, se producía y se reparaba.
Los que estábamos en el almacén teníamos sueldo fijo y teníamos asignado un sueldo de acuerdo a lo que producíamos. Y fue así que pasó el tiempo, nosotros los ferroviarios gracias a dios, tuvimos momentos malos, tuvimos momentos buenos, pero no podemos despreciar lo que hemos tenido. Ojala vuelva esos tiempos para la juventud de hoy porque mucha gente ha trabajado allí.
He estado en todas, fui chofer, he sido capataz, comprador, realmente hice de todo y por suerte he aprendido mucho. Si en Pérez se hubiese seguido con los talleres, sería la gran ciudad del país.
En aquel entonces trabajábamos 2200 obreros, y había llegado el momento de concentrar todo el ferrocarril Mitre e iba a pasar a hacer para 5 mil obreros. Estaban los terrenos y se iba a fabricar de todo pero, los gobiernos de turno, no se si por negocio ajeno o que, lo han cerrado.
Yo no puedo decir que toda la gente ha sido buena, porque en todo trabajo hay un porcentaje de vagancia pero yo he sido capataz y he tenido mucha gente cargo mío y les decía a los muchachos de distintos partidos políticos; acá de trabajo no se muere nadie, pero hay que trabajar, y el día que tengamos que trabajar, trabajamos todos, y el día que hay que descansar, descansamos todos.
Realmente la estadía en los talleres fue muy buena, porque todos han podido crear a su familia, y ahora ya pasó al olvido pero pienso que con el correr de los años va a tener que volver.
Alcides Orellano (84 años)
Trabajé en los talleres de Rosario por tres años, hice los tres turnos mañana, tarde y noche. Entré en el año 57. Hice actividades variadas, trabajé tres meses paleando carbón en frente de Rosario Norte, después pasé al galpón central, donde fui peón.
Surgió la posibilidad de venir a Pérez y estuve 16 años. Acá yo estaba en el corazón de la máquina, le decían el “celta chico”, ahí estaba el plato magnético, la cuchilla, y los generadores que es el lugar donde se fabricaban y ensamblaban las locomotoras.
Estaba la máquina mensual, que es una locomotora que salía cada un mes, le cambiaban inyectores, motor, generador y el alternador. Pinturería le daba el último toque y salía como nueva.
Conmigo trabajaban unas 60 personas, pero depende mucho en la sección donde se trabajaba, realmente cuando paso por los talleres abandonados me dan ganas de llorar.
Roberto Nieri (88 años)
Entré el 6 de marzo de 1946. Estuve dando servicio durante 41 años en la empresa. Los primeros siete años estuve en la sesión patio, que era el lugar donde se hacía el despacho de línea. Venían los vagones de Tucumán, de Cañada de Gómez, y había que cargarlo con todos materiales. También estuve en la bodega, allí se guardaba el material que se fabricaba. En la sección fundición se fundía 30 tonelada de hierro por día.
Los ingleses tenían la política de no salir a comprar repuestos afuera, sino que se fabricaba todo allí mismo en los talleres, hasta agujas de alfiler se hacían.
Conmigo trabajaron muchas personas, por ejemplo, la sección almacenes tenía 190 hombres. En esa sección se almacenaba todo lo que se fabricaba en el taller y después de se distribuía a todas las líneas de ferrocarriles, Buenos Aires, Cruz Alta o Río Cuarto por ejemplo.
He trabajado varios años con los ingleses y no te podes imaginar la disciplina que tenían. Jamás vi a un jefe suspender a un hombre. Mi jefe se llamaba Mr. Johnson que salía todos los días a las 9 de la mañana a recorrer todo el taller.
Es lamentable que los talleres estén parados tantos años , porque tenemos el edificio, está el inmueble y es un verdadero desperdicio que no se usen.
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